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Miércoles, 02 Diciembre 2015 09:11

El Olimpismo y la Paz Destacado

Escrito por Conrado Durántez
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El Olimpismo y la Paz

olympic truceD. Conrado Durántez, Presidente de la Academia Olímpica Española y del Comité Español Pierre de Coubertin nos detalla en este artículo la relación entre el Olimpismo y la Paz en un recorrido histórico desde los Juegos Olímpicos de la Antigüedad hasta nuestros días. La investigación del autor complementa otros artículos que abordan el mismo tema en nuestra web constituyendo, en conjunto, un completo análisis del Movimiento Olímpico como instrumento de Paz.

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I. LOS JUEGOS ANTIGUOS.

  • Olimpia y la Tregua Sagrada.

El espacio geográfico hoy ocupado por Grecia, fue invadido a mediados del S.XII a. de C. por los dorios, pueblo belicoso y migrador que descendiendo de centroeuropa se asentó en la zona1. Nuevos sistemas de vida, cultura y religión portaban los pujantes conquistadores y dentro de su innovador panteón teológico, daban culto preferente a Zeus2todopoderoso señor del cosmos, dueño del rayo y guardador de los juramentos, padre protector en definitiva de dioses y hombres3.

El monte Olimpo (lambos=brillante, blanco)4 la gigantesca cresta montañosa ubicada en Tesalia, es considerada por el fervor popular como la permanente morada del complejo politeísmo heleno, y así Zeus que habita en el Olimpo o dios del Olimpo5 se le tributan sacrificios buscando para ello los más hermosos lugares por saber, que los bellos parajes son de su complacencia6. En la parte noroccidental del Peloponeso, un fértil valle enmarcado por los ríos Alfeo y Cladeo abrigado de los vientos por las montañas circundantes y cubierto de permanente verdor será el lugar elegido para los ritos7. En una gran hoguera serán inmolados, los presentes que al dios Zeus le son ofrecidos, hasta que con el arraigo del ciclo rituario, se establece como suerte de ordalía, elegir al que ha de prender el fuego de la gran hoguera, por el selectivo trance de una prueba de velocidad. Alineados en señal de partida los peregrinos más jóvenes y veloces, a una señal convenida, emprenden vertiginosa carrera hasta el lugar, en donde espera un sacerdote con una tea encendida en la mano. Al ganador le cabrá el honor de, con ella, encender la pira de la gran hoguera, iniciándose con esta práctica, la andadura histórica de los Juegos Olímpicos8, así llamados al desarrollados en el fértil valle en donde Zeus, el gran dios del Olimpo es honrado.

Corredor con antorcha

Correrdor con la antorcha

La periodicidad, convocatoria y características de estos Juegos protohistóricos y esencialmente rituarios, es nebulosa e incierta, como consecuencia de la imprecisión y fragmentación de las fuentes literarias9; y desde el mítico caudillo Oxilo que al mando de sus etolios y según la tradición, conquista las llanuras eleas y organiza Juegos en Olimpia, hay un lapso de siglos de vacío informativo de datos acerca de la fiesta de Olimpia, hasta que será Ifito, rey de Hélida, quien renovó la tradición de los Juegos, cuando la misma se hallaba ya casi perdida, ya que según Pausanias:

Los hombres habían ya olvidado ya los (juegos) antiguos; y así les fueron añadiendo aquello de que se iban acordando poco a poco10.

El rey eleo Ifito fué pues a la luz de la versión histórica, el fundador del festival de Olimpia, o en todo caso, el restaurador de la antigua tradición ya perdida, a la que dio una programación y dimensión nueva que la había de diferenciar ya para siempre, de los inciertos y legendarios orígenes de su remoto pasado.

Incierto es el motivo por el que Ifito se decidió a revivir de una forma tan categórica y a la par también tan trascendente, el interrumpido curso de la arcaica fiesta, al parecer ya en sus tiempos olvidada. Según la versión más usual, su decisión estuvo motivada en una orden recibida del célebre Oráculo de Delfos, cuando como consecuencia de una peste que asolaba al país, el célebre rey eleo fue a pedir orientador consejo para dar remedio y fin al terrible mal. La Pitia le respondió:

Defended vuestra patria, apartaos de la guerra, cuidad de la común amistad con los helenos, mientras a vuestros Juegos anuales se sume el año de la alegría.

El rey entendió la confusa y vaticinadora respuesta, en el sentido de deber reorganizar la fiesta olímpica, dándole un esplendor y periodicidad distinta, para así, aumentar su importancia, cosa que hizo, a la vez que persuadió a sus súbditos, para que ofrecieran sacrificios a Heracles al que hasta entonces consideraban como enemigo11.

Maqueta Altis Olimpia

Maqueta del Altis de Olimpia

La fiesta así restaurada, debió recobrar inusitado esplendor, impulsada por el piadoso fervor de los eleos. Sin embargo, el Peloponeso en los comienzos del siglo IX a. de J.C., en que aproximadamente se sitúa la fecha del acontecimiento, era fuente constante de litigios armados entre los diversos pueblos allí asentados. Los mismos pisatios, inmediatos vecinos del Santuario de Olimpia, resultaban incómodos y peligrosos pretendientes, en sus al parecer lícitas aspiraciones, para la organización del certamen. Por ello Ifito, que según demuestran los hechos, debió ser a la vez de emprendedor caudillo, astuto y hábil político, consiguió en el año 884 a. de J.C.11a, firmar un pacto o Tregua con el rey espartano Licurgo y el soberano pisatio Cleóstenes, según el cual, Olimpia era declarado lugar sagrado, a la vez que la misma paz sagrada que el Santuario simbolizaba, amparaba la organización y desarrollo de las competiciones, así como a los que a ellas iban o volvían de tomar parte.

El texto del acuerdo fue grabado en un disco de hierro y decía así:

Olimpia es un lugar sagrado, quien ose pisar este suelo con fuerzas armadas, será vituperado como hereje. Tan inicuo es también todo aquel que no vengue un crimen estando en su mano poder hacerlo.

Pausanias vió el disco portador de tan importante acuerdo, que en su época se hallaba depositado en el Templo de Hera:

“... el disco de Ifito tiene escrita la Tregua que pregonan los eleos para los Juegos Olímpicos, pero las letras no están escritas en líneas, sino dispuestas todo alrededor del disco12.

La certeza sobre la existencia del célebre documento, fue atestiguada también por Aristóteles, según refiere Plutarco:

Algunos dicen que vivió –Licurgo- contemporáneamente a Ifito y que con él estableció la Tregua Olímpica, de cuyo parecer es el filósofo Aristóteles, que señala como testimonio, a un disco que se guarda en Olimpia en el que todavía se mantiene escrito el nombre de Licurgo13.

La coincidencia de ambas aseveraciones, garantiza suficientemente la realidad histórica del trascendental acuerdo, ya que aunque Plutarco vivió 500 años más tarde que Aristóteles, y es lógico presumir que este, que había confeccionado además una lista sobre los vencedores olímpicos, si hubiese tenido alguna duda acerca de la autenticidad de aquella fuente, no habría dudado en manifestarla14.

Al pacificador acuerdo se le conoció con el nombre de ekekheria y en el antiguo dialecto de los eleos también con el nombre de therma o Thesma en el significado gramatical de detener las manos, cesar, suspender las hostilidades, interrumpir la guerra, acordar la tregua y establecer la paz15. El pacto recién establecido, produjo un inmediato influjo pacificador entre los tres estados signatarios y aunque las eternas discordias no cesaron por ello, se comenzó a partir de aquel momento, a presentir un sentimiento de solidaridad, que aunque entonces periódica, habría de producir sus frutos de permanencia siglos más tarde16.

El espartano Licurgo parece ser no prestó la debida colaboración y apoyo al acuerdo tomado, hasta que por un presentimiento o intervención que aquel se le antojó sobrenatural, se decidió a cooperar activamente en el recientemente instaurado certamen. Así lo describe Plutarco, basándose en la versión que del pasaje dio Hermipo, escritor peripatético del siglo III a. de J.C. y cuando aquél trata de explicar el carácter e inclinación pacifista del célebre legislador espartano17.

La Tregua Sagrada, cuando se hallaba cercana la fecha de los Juegos, era pregonada y publicada por los espondoforos (spondophoroi) o “mensajeros de la paz18, que en número de tres, partían de Olimpia para anunciar a todos los pueblos griegos, que el período pacificador durante el cual se celebraban los agones litúrgicos, había comenzado. A partir de aquel momento, se prohibía el ejercicio de la fuerza basada en el uso de las armas. Todas las operaciones militares eran suspendidas y las falanges de guerreros volvían a sus bases predispuestos a celebrar con la solemnidad y júbilo acostumbrado, las festivas contiendas de la paz. Los peregrinos y atletas que a Olimpia acudían, gozaban de inmunidad personal durante su estancia en el Santuario18a, así como mientras durase su viaje de ida y vuelta a él y una atmósfera de ilusión pacificadora se extendía por todos los territorios de Hélade.

El período de tiempo durante el cual se mantenía el efecto pacificador de la proclamación de la Tregua, ha sido un tema largamente discutido en base a los diversos testimonios que hacen conjeturar suposiciones dispares. Para Drees el período del armisticio olímpico, sería originariamente de un mes de duración, para ampliarse sucesivamente a dos y después a tres19a, al objeto de cubrir las necesidades de seguridad de los peregrinos procedentes de lugares distantes. Diem20, cree que la protección del período olímpico, sería de un mes antes y otro después de las competiciones, ampliado también posteriormente a tres, mientras que Paleólogos21 sustenta la versión de que aquel tendría que tener una duración de diez meses. Su tesis, la basa en el famoso hecho relatado por Tucídides22, según el cual, los espartanos fueron excluidos de los Juegos por los eleos acusados de infringir el pacto de la Tregua, al haber tomado por la fuerza de las armas la fortaleza de Physcos y colocado a la vez una guarnición en Lepreón, operaciones militares que a juicio de los eleos, habían aquellas comenzado después de habérseles notificado el armisticio olímpico. Por ese motivo, los espartanos quedaban excluidos de los Juegos de la 90 Olimpiada que tuvo lugar en el año 420 a. de J.C.

Este hecho – dice Paleólogos23 demuestra evidentemente que la Tregua tenía un más amplio período de vigencia del que frecuentemente se le ha supuesto. En efecto, los Juegos tenían lugar en julio. Si las dos posiciones antes mencionadas habían sido ocupadas a finales del verano precedente, tenemos ya entre ambas fechas un espacio de diez meses, que es el que media entre la transgresión cometida y el comienzo de los Juegos. Por otra parte, este lapso de diez meses de duración que la Tregua debió tener de vigencia, concuerda perfectamente también con igual período de tiempo por el que los hellanódicas desempeñaban sus funciones y el mismo igualmente, durante el que los atletas participantes en los Juegos debían de entrenarse. Diversos pasajes de la obra de Tucídides24 confirman por otra parte la suposición.

La gran autoridad moral que la ekekheiria representaba, llevó e impulsó a los pueblos helenos a la más estricta observancia de sus preceptos, siendo en muy contadas ocasiones en las que se tiene conocimiento que sus mandatos fueran transgredidos25. Solamente los pisatios rompieron en diversas ocasiones el pacto que su antecesor Cleóstenes había libremente establecido, pero justo es observar, que en las incidencias que ellos motivaron, más que una voluntaria infracción del sagrado acuerdo, pretendían  una dirección del festival del que siempre se consideraron sus legítimos patronos26. Sus ambiciosas pretensiones en contra de las atribuciones que sobre la fiesta esgrimían los eleos, les habría de acarrear su ruina definitiva, cuando en el año 572 a. de J.C. una coalición eleo-espartana arrasó Pisa, destruyendo para siempre su poderío y pretensiones en la organización de la gran fiesta agonal27.

Doce siglos de evolución histórica en el Olimpismo antiguo (del 776 a. de J.C. al 392 de la era vulgar) atestiguan el arraigo y respeto entre los pueblos griegos al famoso pacto internacional y religioso en que la ekekheiria consistía. Sin embargo, en algunas ocasiones, también el famoso acuerdo fue quebrantado.

En la Olimpiada 8ª (748 a. de J.C.), los pisatios apoyándose en la fuerza militar de Fidón de Argos, el más atrevido de los tiranos griegos, organizaron con su ayuda los Juegos.

En la Olimpiada 34ª (664 a. de J.C.), de nuevo los pisatios acaudillados por su rey Pantaleón, reunieron un ejército con ayuda de sus vecinos y convocaron en lugar de los eleos los Juegos Olímpicos28.

De nuevo en la Olimpiada 48ª (588 a. de J.C.) el rey Pisa Damofón, hijo de Pantaleón, hizo sospechar a los eleos que maquinaba algo contra ellos para la organización de los Juegos, por lo cual los eleos invadieron Pisa, retirándose de nuevo, ante los ruegos y juramentos de Damofón, por lo que aquellos volvieron a casa sin hacer nada29.

La creciente tirantez eleo-pisatia culminó como se dijo en el año 572 a. de J.C., cuando siendo rey de Pisa Pirro, hijo de Pantaleón, una coalición eleo-espartana invadió sus territorios, arrasando y aniquilando para siempre el estado pisatio y su ciudad, así como las de Maciste, Escilunte y Trifilia que aliadas de los pisatios, vieron para siempre sus ciudades destruidas por los eleos30.

En el año 420 a. de J.C., y con ocasión de los Juegos de la 90ª Olimpiada, los espartanos fueron excluidos por los eleos, bajo pretexto de violación de la Tregua Sagrada. Basado principalmente en este motivo que los espartanos consideraron injusto, al año siguiente y acaudillados por su aguerrido rey Agis, se dirigieron contra los eleos declarándoles una guerra que había de durar tres años y al fin de la cual, los eleos fueron obligados a aceptar las explicaciones y reclamaciones esgrimidas por sus contrarios.

Lampadedromia

Lampadredomia

De nuevo, según refiere Diodoro de Sicilia31, los espartanos volvieron a ser excluidos del festival olímpico en la Olimpiada 94ª (404 a. de J.C.), por los eleos y condenados a pagar una multa. También por segunda vez los espartanos dirigidos en esta ocasión por su rey Pausanias, organizaron una expedición militar contra los eleos venciéndolos y obligándolos a batirse en retirada.

En el año 364 (104ª Olimpiada) un nuevo y grave incidente iba a tener lugar durante la misma celebración de la fiesta olímpica. Desde el año anterior, los eleos mantenían una guerra con los arcadios que había de durar tres años. Llegado el período de la festividad olímpica, los arcadios, junto con los pisatios, se dispusieron a celebrar las competiciones de los Juegos.

Se había concluido ya la carrera de caballos y la carrera a pie del pentatlón, pero los que llegaban para la lucha tuvieron que luchar no ya en la arena, sino entre la arena y el altar pues los de Elida, armados, llegaron exactamente en ese momento al terreno sagrado.

En aquella ocasión los eleos se batieron bravamente contra un enemigo superior en número, encolerizados e indignados al conocer que aquél había utilizado los tesoros sagrados de los templos para pagar los sueldos a sus tropas mercenarias32.

Todos los Juegos en que los eleos no ejercieron el patronazgo de la organización del festival, fueron por ello declarados después anolimpiadas (no olimpiadas) y no se incluyeron en sus listas oficiales33.

Amparados y protegidos por el acogedor cobijo de la Tregua Sagrada, surgen los Juegos históricos de Olimpia, que se componen al principio de una sola prueba de carrera que ganaría por primera vez el eleo Corebo34. Y así a medida que se fueron acordando poco a poco35 les fueron añadiendo más y más pruebas36, alguna de las cuales como la de los jóvenes, no había recuerdos antiguos, pero los eleos la establecieron por su gusto37.

  • La proclamación de La Tregua: Los Espondoforos.

Los espondoforos (spondophoroi), o heraldos, constituían una especie de vicarios, cuyos cometidos fundamentales eran el de convocar a los fieles para la asistencia a las grandes ceremonias litúrgicas que tenían lugar en honor de Zeus, así como ya se dijo el de anunciar y dar a conocer en la época prevista, la apertura y comienzo del período pacifista que traía consigo la publicación de la Tregua Sagrada. Su elección se realizaba entre los miembros de las familias de Elida de la más alta aristocracia, y su número de miembros fue de tres a partir del siglo VII a. de J.C.

Desde que las autoridades olímpicas han fijado la fecha de las fiestas –dice Mousset- se envía a los embajadores encargados de pregonar esta buena nueva. Son éstos los tres espondoforos del Altis que asumen la misión asistidos de los theores escogidos entre los notables de la ciudad. Para que todo el mundo sea advertido, los tres espondoforos parten con su séquito en tres direcciones diferentes, extendiéndose como las ramas de un abanico sobre el conjunto de pueblos de la periferia. Uno iba hacia el norte y atravesando la Grecia continental llegaba a las riberas de la Propóntide y del mar Negro. El otro, haciendo escala en las islas, se dirigía hacia el sudeste para pasar por Asia, Siria y Egipto. El tercero se dirigía hacia el oeste con destino a Sicilia, Italia y la Galia. Hacía una detención en Marsella, la vieja ciudad focia, y continuaba después hasta los confines de los Pirineos. Estos embajadores que van hacia regiones tan alejadas de su patria, son asistidos en los países distantes por los proxenes, encargados de hacerse cargo en su ciudad natal, de los intereses del mundo olímpico. Y cada ciudad importante posee igualmente sus theodorocos,  a los que cabe el honor de recibir a los theores.

Proxenes y theodorocos gozan, por otra parte, de ciertos privilegios que les han sido concedidos por los decretos olímpicos grabados en tablas de bronce. Los theores son acogidos con el ceremonial reservado a los dignatarios extranjeros. Representan, a la vez, la autoridad religiosa y política de Olimpia. Al mismo tiempo que la fecha de los Juegos proclaman la Tregua Sagrada de Ifito, la ekekheiria de la que cada pueblo conoce el reglamento.

Si la ekekheiria anuncia el apaciguamiento, ciertos de sus artículos, no son menos amenazadores para los que permitiesen violar la Tregua Sagrada. Estipula que las actividades serán suspendidas para todos los países después del día en que les haya sido notificada la Hieromenia (el mes durante el cual se celebra la fiesta); que la región donde se encuentra el santuario de Zeus es inviolable para todos los pueblos que toman parte en los Juegos; que todo contingente de tropas extranjeras debe depositar las armas cuando penetre por el territorio heleno; la maldición de Zeus aplastará a todos los que no hayan prestado asistencia a los eleos contra los enemigos sacrílegos; que una multa de dos minas por soldado será impuesta a todo pueblo que no hubiese respetado la Tregua; que caso de no pagar la condena, los culpables serán notificados de excomunión, excluidos de los templos y de los sacrificios; que la multa y la maldición serán el castigo de quien quiera que haya ejecutado una violencia sobre un viajero que se dirigiera a Olimpia a fin de tomar parte en la fiesta37a.

En una categoría inferior a los espondoforos, y como ayudantes suyos, se encontraban los tres subespondoforos, muchachos jóvenes que solían ser hijos o hermanos menores de aquellos. Su cometido era el de ayudar a los espondoforos en su misión, mientras la desempeñaban en territorio eleo. Al mismo tiempo, se les confiaba la tarea de cortar del famoso olivo Kalistéfanos y, con un cuchillo de oro, las ramas con que se habían de confeccionar las coronas, que ceñirían posteriormente las sienes de los olimpiónicos37b.

II. LA PAZ OLÍMPICA EN EL IDEARIO COUBERTINIANO.

El decreto de Teodosio I el Grande, promulgado en el año 392 de nuestra Era poniendo fin a las ceremonias paganas38, habría de acabar como consecuencia con los Juegos de Olimpia, organizados en honor de Zeus, el dios pagano más importante y famoso de la antigüedad39.

Un silencio de siglos se ha de abatir sobre el continuismo del festival olímpico, hasta que el 23 de junio de 1894, en el histórico Congreso de La Sorbona la genial visión histórica y social de Pierre de Coubertin, permite poner en marcha de nuevo, la vieja institución agonal40.

Primer CIO

El primer Comité Olímpico Internacional en los Juegos de la Olimpiada de Atenas 1896
De izquierda a derechade pie: Gebhardt (Alemania), Guth-Jarkovsky (Bohemia), Kemeny (Hungría), Balck (Suecia); sentados: Coubertin (Francia), Vikelas (Grecia, Presidente), Butovsky (Rusia)

La extensa y rica obra literaria de Coubertin41, está cuajada de profundas ideas sobre las materias más diversas (educativas, históricas, deportivas, médicas, sociológicas, etc.)42, pero en lo más profundo de su tesonera lucha en la restauración del olimpismo, bulle como una constante permanente la de la búsqueda de la paz a nivel internacional, como uno de sus primordiales objetivos. En el primer y frustrado intento de restauración olímpica, y en la conferencia que a tal fin pronunció en La Sorbona el 25 de noviembre de 1892 así lo recuerda.

Es evidente que hoy día –dijo entonces Coubertin- el telégrafo, el ferrocarril, el teléfono, la investigación apasionada de la ciencia, los congresos y las exposiciones, han hecho más por la paz que los tratados y todas las convenciones diplomáticas. Pues bien, tengo la esperanza, de que el atletismo hará aún mucho más. Exportemos remeros, corredores y esgrimistas. He aquí el libre cambio del futuro y el día en que sea introducido en las costumbres de la vieja Europa, la causa de la paz habrá recibido el más importante apoyo43.

Dos años más tarde, con el olimpismo renovado en marcha, Coubertin vuelve a recordar y destacar el internacionalismo pacifista como razón y esencia de los Juegos Olímpicos que:

Han de dar a la juventud universal, la ocasión de un encuentro dichoso y fraternal, en el que se borrará poco a poco la ignorancia que los pueblos tienen unos de otros, ignorancia que mantiene odios, acumula recelos y precipita bárbaramente los acontecimientos en una lucha sin cuartel44.

Esta paz internacional a lograr por la vía del internacionalismo olímpico, es constante referencia en los discursos y escritos de Coubertin45 quien con visión sociológica de pedagogo humanista, considera que una mejor distribución de la riqueza y de los bienes de consumo y sobre todo el acceso a la práctica deportiva por parte de las clases sociales más necesitadas, serán el mejor apoyo a la paz social como objetivo de su olimpismo integral y democrático46 ya que el deporte como patrimonio inalienable del hombre ha de ser para todos47, por ser la encarnación de la paz, según poéticamente razona el genial humanista en su Oda al Deporte, ganadora bajo seudónimos, del concurso de literatura de los Juegos de la V Olimpiada en Estocolmo en 191248.

Las temerosas previsiones coubertinianas para la protección de la esencia eminentemente pacifista de su olimpismo renovado, dado el turbulento ambiente internacional de la segunda década del siglo, se habría de poner de manifiesto ante los trágicos acontecimientos que se avecinaban y las dos Guerras Mundiales dejaron vacías de Juegos tres Olimpiadas (1916, 1940 y 1944). Pero acabada la contienda, la cita cuadrienal olímpica volvió a convocar a la confrontación pacífica de los Juegos49, a comunidades destrozadas y atormentadas por la guerra, cargadas de comprensibles rencores y prevenciones, hacia quienes en la batalla fueron adversarios, y con el paso del tiempo, en la convivencia de la camaradería olímpica, fueron desapareciendo los prejuicios aprensiones e intolerancias y volvió a renacer la concordia y la paz. De no haber existido  el olimpismo y el programa de los Juegos ¿dónde y cómo se podría haber producido una cita mundial que consiguiera los objetivos de armonía y concordia merced a la convocatoria puntual basada en una simple pero poderosa fuerza moral?.

Courbertin se reconforta a sí mismo y razona, de cómo sobrepasado el primer período bélico, el olimpismo renovado había conjurado los latentes temores y había reconducido a las naciones a la cita puntual de los Juegos y recordando la jornada del 14 de agosto de 1920 inaugural de la VII Olimpiada en Amberes recapacita satisfecho:

Pierre De CoubertinEl desfile, la ceremonia de apertura, los coros, la suelta de palomas, las salvas, el prestigio de aquel acto solemne que después de Estocolmo evidenciaba a los ojos de todo el mundo su valor pedagógico, subrayaron hasta qué punto el olimpismo renacía intacto pasada la tormenta y cómo sus laureles, se anteponían en el espíritu de la juventud, a todas las demás ambiciones deportivas...50 

Y añade haciendo un cálculo valorativo de la historia:

...En los Juegos antiguos, no faltaron, ni incidentes desagradables ni períodos borrascosos, ni ataques alimentados por irreductibles adversarios. Olimpia ha conocido períodos de desunión. El Olimpismo los superó sin vacilar. El neolimpismo evolucionará así de igual manera... Los Juegos han sufrido al principio, pero ahora la savia es demasiado vigorosa para marchitarse. La guerra de 1914-1918 no los ha conmocionado. La revolución social tampoco les afectará en el futuro51.

Coubertin se siente feliz a la conclusión de los Juegos de la XI Olimpiada en Berlín, de éxito indudable aquéllos, por su grandiosidad y perfecta organización, pese a las presiones y propaganda política que sufrieron. En su discurso de clausura y a pocos meses de su muerte, el genial humanista se dirige dichoso a los corredores que habían transportado por primera vez el fuego sagrado desde Olimpia, exhortándolos:

Y vosotros atletas, acordaos del fuego que encendido por el ardor solar os ha llegado desde Olimpia, para alumbrar y calentar vuestra época. Guardarlo celosamente en el fondo de vosotros mismos, para que surja vivo al otro lado de la tierra, cuando dentro de cuatro años celebréis la XII Olimpiada, en las lejanas orillas del océano Pacífico52.

Pero las ilusiones de Coubertin, se verían alteradas una vez más por el fantasma de la guerra, y el 1 de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia provocando así la Segunda Guerra Mundial que dejaría vacías de Juegos dos Olimpiadas (1940-1944)53. Dos años antes, el 2 de septiembre de 1937 el cansado corazón del célebre humanista francés, se paraba para siempre mientras triste y meditabundo paseaba por el parque ginebrino de La Granja54. El genial ideólogo del moderno olimpismo, moría con la amarga experiencia de no haber podido contrastar la practica eficacia pacificadora, como especial objetivo, del gran movimiento universalista por él creado.

Pero con los Juegos de Berlín, como última cita olímpica previa a la gran catástrofe, había nacido un símbolo olímpico de paz y milenario recuerdo: el fuego olímpico54a. Carl Diem54b con la colaboración de Juan Ketseas, concibieron el nuevo rito y su estreno como gran innovación en los Juegos de la XI Olimpiada54c. El fuego avivado por los ardientes rayos solares en el recinto de la milenaria Olimpia, es como una llamada de hondo sentido religioso (la religio athletae coubertiniana) que transmite desde la antigüedad a nuestros días54d, el profundo significado de la paz que se imponía durante el desarrollo de los Juegos. Pero el espectacular y simbólico traslado del fuego por corredores con antorchas (las antiguas lampadodromia) escenifica aún más esa llamada, encarnando los ilusionados corredores portadores del fuego, a la función de los otrora eleicos espondoforos pregoneros de la Tregua54e. La antorcha portadora del fuego, hará largos y complicados recorridos pasada de mano en mano por una interminable fila de brazos de una juventud perteneciente a distintos países, con distintos idiomas, religiones y razas, que cooperan con su aportación generosa y alborozada a transportar un símbolo de penetrante esencia religiosa y con destino a un país distinto y quizá muy lejano al suyo y por el que franqueando las barreras de las divisiones políticas territoriales, arribará al lugar de la gran cita cuadrienal, permaneciendo viva su llama, hasta la conclusión de las pruebas y la clausura del gran festival olímpico.

El alumbramiento, traslado, emplazamiento y extinción del fuego olímpico, simboliza sin expresarlo normativamente, la apertura de un paréntesis de paz, con ocasión de los Juegos, que perdurará mientras éstos se desarrollen y se acabará cuando concluyan.

III. LAS CONVULSIONES POLÍTICAS Y LOS JUEGOS.

El olimpismo moderno renace en los Juegos de Londres en 1948. Muchos comentaristas del momento, habían argumentado ya el final de la institución olímpica en su versión moderna, ante las desastrosas secuelas y la conmoción social generadas como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, valorada como la mayor catástrofe de cuantas haya padecido la humanidad, con su feroz y devastador impacto en el trágico balance, de cincuenta millones de muertos y veinticinco millones de inválidos55.

Pero la institución olímpica retoma impulso en 1948 y con ilusión crecida traslada la fiesta de sus Juegos a nuevos continentes en su objetivo de itinerancia mundial, celebrando con éxito la edición de 1956 en Melbourne y la de 1964 en Tokio, así como otra nueva edición en el continente americano, en esta ocasión en México en 1968, primeros Juegos Olímpicos celebrados en un país hispánico56.

El imparable éxito del olimpismo y sus Juegos –la maquinaria silenciosa coubertiniana que nunca se detiene57- es objetivo de mira y atención de estamentos políticos de diverso signo de ideas, que ven en la notoriedad mundial de la gran fiesta olímpica, gratuito y cómodo exponente publicitario para la difusión y manifiesto de sus particulares ideas. Se había llegado al calamitoso período de la parasitología olímpica58 en donde facciones ajenas al ideario olímpico, aprovecharán la caja de resonancia mundial de su fiesta, en beneficio de su particular propaganda; y mientras en México hay una manifestación racial del black power, posiblemente tan justa como de inadecuado lugar de exposición, al utilizar para ella un podio en donde todas las razas son admitidas por igual al proscribirse la discriminación59, en Munich, la virulencia sectaria adquiere macabro protagonismo con su trágico saldo de muerte en la gran fiesta de la paz60. Pero las maquinaciones políticas al más alto nivel, se habían de producir con los boicoteos que con apariciones esporádicas en Berlín en 1936 y en 1956 en Melbourne61 amenazarían de cronicidad en Montreal 76 y sobre todo enMoscú y Los Angeles en 1980 y 1984 respectivamente. Los manipuladores de tales estrategias, obraban con la ejecutoriedad del impulso que propicia la ignorancia, desconocedores, de que el olimpismo y su fiesta no pertenecen a ningún gobierno del signo político que sea61a, ni tampoco a las Federaciones ni aún siquiera a los Comités Olímpicos de cada nación o al mismo C.O.I., al ser la institución y su periódica convocatoria, patrimonio exclusivo y excluyente de la juventud del mundo, poseedora del inalienable derecho de su cita cuadrienal pacífica y de intensa emulación62.

SamaranchEl 16 de julio de 1980, Juan Antonio Samaranch era elegido en Moscú nuevo Presidente del Comité Olímpico Internacional. Su sutil diplomacia, férrea voluntad, prodigiosa capacidad de trabajo y total entrega a la causa del olimpismo, eran las características fundamentales del talante del nuevo Presidente63 que tuvo que asistir profundamente preocupado pero impávido, al boicot que contra los Juegos de la XXII Olimpiada instigaron los Estados Unidos y sus aliados de plante. Pero su preocupación aumentaría, cuando cuatro años más tarde, se repitió otra vez la absurda maniobra en esta ocasión liderada por la URSS y sus socios de ideología política64, impasibles a todo tipo de consideraciones que tuvieran como objetivo el hacerles desistir de su decisión. La reacción del Presidente del C.O.I. fue inmediata, anunciando en ese mismo momento:

...Modificaciones de la Carta Olímpica con la finalidad de que estos hechos no se repitan en el futuro... El movimiento olímpico quizá no podría resistir un nuevo boicot, por eso debemos de adoptar soluciones65.

Y las soluciones no se hicieron esperar. Cuatro meses más tarde, en la 89 Sesión del C.O.I desarrollada en Lausana el 1 de diciembre de aquel año 1984, se recuerda al mundo que:

El C.O.I. es la única autoridad facultada para determinar si se reúnen las condiciones requeridas para la celebración de los Juegos Olímpicos, valorando como una condena, el castigo que supone para los atletas impedirles tomar parte en los Juegos Olímpicos y tratando de identificar los verdaderos motivos de la no-participación, procurar que los representantes del CON en cuestión, sean apartados también de los Juegos Olímpicos conforme a su decisión66.  

La firme y ponderada decisión, habría de ser eficaz receta curativa a tan absurdo mal ya que como precisó en su discurso inaugural el Presidente del C.O.I. invocando la base filosófica de los Juegos concebida por Pierre de Coubertin, quienes habían participado en el boicot la habían quebrantado ya que:

Su objetivo preciso y fundamental tal y como se define en la Carta Olímpica, es siempre el mismo: organizar y asegurar la representación de su país en los juegos, ofreciendo a sus atletas las mejores condiciones de participación posibles y concretar así los objetivos del movimiento olímpico67.

La decisión del C.O.I. habría de ser elocuente advertencia para el desarrollo de los Juegos de la XXIV Olimpiada de Seúl, en el que el malsano hábito volvió a planear como consecuencia de la puja organizativa de las dos Coreas, exponentes ambas de dos sistemas políticos contrapuestos y seguidas en su singular confrontación por los respectivos socios de grupo y de común ideología político-económica; sutiles reclamaciones con reincidentes reivindicaciones que hicieron emplearse a fondo al Presidente del C.O.I. en su probada excepcional y eficaz capacidad negociadora, hasta que ante lo nebuloso e incierto de tan reiterativos planteamientos, adoptando firme postura con el amparo de la decisión adoptada cuatro años atrás, recordó a todos, zanjando así el tema, que los Juegos de la XXIV Olimpiada habían sido adjudicados a Seúl quien en definitiva sería la anfitriona oficial de la familia olímpica68. Las nubes del boicot desaparecieron y hoy a veintisiete años de los acontecimientos, el mundo del deporte y también el extraolímpico, valora las incidencias de entonces así como los calamitosos sucesos precedentes, como aciagos acontecimientos de injerencia política en el escenario de los Juegos, pertenecientes ya a un desafortunado pasaje de la historia.

IV. LA RESTAURACIÓN DE LA TREGUA.

Desde Seúl, la paz y concordia interna en la convocatoria periódica del festival olímpico y la unánime aceptación de la cita por todos sus miembros, se había conseguido. El C.O.I., una vez más, como depositario del ideario olímpico69, había impuesto su objetivo criterio, velando por el bien de la institución que le había sido confiada, actuando en contra de parciales intereses ajenos y distintos a la causa olímpica.

Sin embargo, la paz en el concierto internacional en la segunda mitad del siglo, si bien había mejorado en cotejación con los dramáticos sucesos ya referidos de las dos Guerras Mundiales, no se había consolidado en un sistema permanente de concordia mediadora, evitadora de los conflictos armados, pese a la existencia de organizaciones internacionales que teóricamente, deberían de atajar y prevenir los enfrentamientos. De ahí, que el Olimpismo, como doctrina de paz convocante cuadrienalmente de los Juegos Olímpicos, como una gran manifestación de paz mundial, tuviera que soportar en varias ocasiones, que durante la convocatoria y desarrollo del gran festival olímpico en amplias zonas del mundo se libraran encarnizados combates; y así, en 1956, mientras la mayor parte de la juventud del mundo se daba cita en Melbourne, las tropas rusas aplastaban la sublevación húngara en operación militar iniciada el 4 de noviembre de aquél año, justo veinticuatro días antes del inicio de los Juegos; y veintitrés años más tarde, siete meses antes de la jornada inaugural de los Juegos de Moscú, concretamente el 26 de diciembre de 1997, las tropas soviéticas invadirían Afganistán en severa operación militar, que no cesaría tampoco durante el paréntesis olímpico de los Juegos70. En 1990, el mosaico racial y cultural integrador de la nación Yugoslava entró en conmoción y un año más tarde, una guerra fratricida despiadada y cruel con demenciales objetivos de limpieza étnica71 tortura y extermina a dolientes masas de población humilde e indefensa.

El mundo asiste aterrado, a un holocausto sañudo y fratricida del que se van teniendo fragmentarias noticias, que hacen presumir la vergüenza de un horror histórico para la humanidad, sin que en la contienda bárbara y despiadada tomen parte, mitigadora eficaz, ningún organismo internacional. Algunos críticos veraces razonaban que en Yugoslavia no había petróleo...

Carta Olimpica

La Carta Olímpica

El C.O.I. se decidió a actuar como prudente y objetivo mediador en el agudo conflicto, haciendo uso de su único poder, la fuerza moral que le da la Carta y durante la 99ª Sesión desarrollada en Barcelona, en el discurso inaugural del Presidente, hay palabras de recuerdo para la ciudad olímpica y mártir de Sarajevo, sede de los Juegos de 1984, víctima de la feroz contienda, recordando la importancia que para el movimiento olímpico tiene el que la guerra no impida a los atletas su participación en los Juegos72.

El 21 de julio de 1992 desde Barcelona, el Comité Olímpico Internacional emite un llamamiento a favor de la tregua olímpica por el que, considerando su misión de contribuir a la paz mundial, haciendo valer la restauración en los tiempos modernos de la ekekheiria griega, instando a todos los Estados (Jefes de Estado, gobernantes o Asambleas) así como a todos los organismos nacionales e internacionales, para que la tregua olímpica sea observada por un período que abarque los Juegos, así como los siete días precedentes y posteriores, durante el cual, deberá cesar todo tipo de conflictos armados y en el que se intensificarán todos los esfuerzos colectivos e individuales, para resolver los enfrentamientos por la vía de la concordia y la negociación73.

Como consecuencia de una entrevista mantenida al respecto por el Presidente Samaranch, con el Secretario General de las Naciones Unidas, Butros–Ghali, en Nueva York el 9 de febrero de 1993, éste recibirá el documento de la Tregua Olímpica apoyado por los miembros del C.O.I., los Presidentes y Secretarios Generales de la ASOIF, la AIWF y el ACNO, así como por los representantes de ciento ochenta y cuatro Comités Olímpicos Nacionales, habiéndose dirigido el Presidente del C.O.I. en solicitud mundial a esta cooperación, a todos los Jefes de Estado y de Gobierno, así como a los Ministerios de Asuntos Exteriores y de la Juventud del mundo entero.

La respuesta positiva del Secretario General de la ONU, no se hizo esperar, y como punto 167 del orden del Orden del Día de la 48 Sesión habida en Nueva York el 25 de octubre de 1993, se aprobó por unanimidad el acatamiento a la Tregua Olímpica, declarando además, el año 1994, como año del Deporte y del Ideal Olímpico.

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El C.O.I. en su misión pacificadora y pacifista a nivel mundial, había encontrado un poderoso y destacado aliado político, que en la esfera de su acción, perseguía misión idéntica. El organismo rector del neolimpismo, como el más antiguo en su dimensión internacional, lidera un movimiento sin fronteras ni barreras de ningún tipo, valorado sociológicamente como el más importante en los albores del siglo XXI. Por su parte la ONU, surgida como organismo internacional en la desesperada necesidad de buscar la paz mundial, en un mundo atormentado entonces por feroces contiendas, inició su andadura el 26 de enero de 1942 con la Declaración de las Naciones Unidas firmada por los 26 países reunidos en Washington. Tres años más tarde, el 24 de octubre de 1945, la ONU comienza oficialmente sus tareas, con la declaración programática de su Carta, en donde se fija como esencial objetivo el de:

...Preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra estableciendo como punto primero de sus proyectos y principios el de mantener la paz y la seguridad internacionales y con tal fin tomar  medidas colaterales eficaces para prevenir y eliminar las amenazas a la paz y para suprimir actos de agresión y otros quebrantamientos a la paz y lograr por medios pacíficos, el ajuste o arreglo de controversias a situaciones internacionales, susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz.

El programático sentido pacificador de la ONU, coincide en identidad con la fundamental y milenaria esencia pacifista del Olimpismo, que establece también como Principios Fundamentales de su Carta, la simbólica unión de todos los continentes por la filosofía olímpica, lo que se alegoriza con el emblema de los cinco aros, proponiéndose como objetivo:

La construcción de un mundo mejor y más pacifico... favoreciendo el establecimiento de una sociedad pacifica, comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana, tarea que el movimiento olímpico lleva a cabo solo o en cooperación con otros organismos desarrollando acciones a favor de la paz.

La idéntica sintonía en los objetivos comunes de ambas instituciones, había propiciado el inicio de una colaboración de estrecha ayuda, en donde como precisaba Erik Walter en oportuno comentario74:

Era la primera vez que la ONU, tomaba conciencia del fenómeno del deporte en nuestra sociedad y en este sentido hay que agradecer al C.O.I. y a su Presidente, por haber captado la atención del primer organismo internacional mundial... Si la tregua olímpica consigue salvar algunas vidas humanas, ello constituirá ya una inmensa aportación a la humanidad, debido, en última instancia, al movimiento deportivo personificado por el C.O.I.

La ekekheiria moderna o tregua olímpica, salvando en los tiempos una distancia de veintiocho siglos, vuelve de nuevo a tener vigencia, en condiciones diversas, al ser antaño, el pacto convenido, de trascendencia nacionalista afectando a una sola vertiente cultural y con un eficaz anclaje basado en un profundo sentido religioso, mientras que la moderna en su dimensión universalista, solo hallaba razón para su observancia, en una llamada al sentido común amparada su posible eficacia en una simple y exclusiva fuerza moral.

Si me preguntáis si la Tregua Olímpica será respetada – decía el Presidente Samaranch a comienzos de 1994- os contestaría que será muy difícil, pero hemos de intentarlo y lo intentaremos75.

Como en los tiempos modernos no hay actos sin símbolos, también nació el de la Tregua Olímpica, logotipo concebido por el singapureño Wei Yen, representando a la blanca paloma de la paz, con una rama de olivo en el pico, rodeada en su rítmico aletear, por una masa de fuego efervescente coloreado, expresión éste de las pasiones que arrastran al espíritu humano76.

Logo Tregua Olimpica

Centro Internacional pata la Tregua Olímpica

La cita en Lillehammer para los XVII Juegos Olímpicos de Invierno en febrero de 1994, iba a ser la primera ocasión de ensayo del pacto de la Tregua Olímpica, en momentos especialmente críticos ante la brutal contienda de la guerra yugoslava, como principal centro de confrontación mundial en su momento, al margen de otra serie de enfrentamientos de menor entidad. Pero el Presidente Samaranch, en decidida resolución, se lanzó a la compleja tarea de hacer conocer al mundo que estaba en vigor un pacto mundial, que recababa la paz en las fechas de desarrollo de los Juegos.

Somos conscientes de los límites y obstáculos –dijo- pero si hay una débil luz de esperanza, debemos tomarla aunque represente una tarea casi imposible de cumplir77.

La convocatoria a la paz y cumplimiento de la Tregua se hizo en Lausana el 24 de enero de 1994 en donde el Presidente de la Asamblea General de la ONU Samuel Isanally dirigiéndose al mundo expresó:

Formulo una llamada solemne a todos los Estados, para que respeten la Tregua y se esfuercen en construir una paz duradera sean o no participantes en el conflicto78.

La Tregua así pedida se emplazaba para las fechas del 5 de julio al 6 de marzo amparadoras de los Juegos, siendo consciente el Presidente de la ONU de la crítica situación del momento.

No muy lejos de Lausana –dijo- se desarrolla una guerra especialmente cruel; la guerra no es una prueba de sacrificio y valor, sino la mayor locura que puede existir79.

Por su parte el Presidente Samaranch, en apoyo del pacto, se lanzó a una febril actividad y por la vía olímpica de la red mundial de los Comités Olímpicos Nacionales, entró en contacto con todas las partes en ese momento implicadas en el conflicto y así reciben exhortaciones Armenia, Azerbayan, Bosnia Herzegovina, Croacia, Georgia, Servia, Montenegro, Afganistán, Camboya, Sri Lanka, Angola, Burundi, Mozambique, Liberia, Ruanda, Somalia y Sudán. Samaranch se entrevistó además con el Presidente de los EEUU Bill Clinton y con los líderes enfrentados en el conflicto de Bosnia Herzegovina, enviando asimismo mensajes de cooperación y solidaridad con la Tregua a todos los Jefes de Estado y de Gobierno o Ministros de Asuntos Exteriores de los países cuyos atletas participaron en Lillehammer, recibiendo masivas respuestas de solidaridad de destacados líderes políticos, entre otros François Mitterrand, Butros Ghali, John Mayor, Andreas Papandreu, Boris Yeltsin, Otar Patsatsia y Edouard Shevardnadze.

La semilla de la esperanza había sido lanzada con fé en los objetivos, aunque con confianza limitada en sus deseados fines. El 5 de febrero de 1994, un inesperado bombardeo masacró a inocentes víctimas en el mercado de Sarajevo. Hay conmoción y consternación. Dos días más tarde en la antesala de la 102 Sesión del C.O.I. en Lillehammer, las banderas olímpicas ondearon a media asta y al día siguiente, el Presidente Samaranch, después de hacer guardar un minuto de silencio ante los trágicos sucesos, dirigió un patético llamamiento en su discurso inaugural:

¡Por favor detened los combates! ¡Por favor detened los asesinatos! ¡Por favor abandonad las armas!...80 

Ocho días más tarde, el 16 de febrero, Samaranch conocedor del impacto de los símbolos en un mundo progresivamente materializado con paulatina y acrecentada carencia de ideales, y consciente del necesario impacto de gestos y compromisos, se trasladó a Sarajevo, encabezando una pacífica comitiva en la que también figuraban entre otros el Presidente Mario Vázquez Raña y Fékrou Kidane.

Después de expresar la solidaridad al Presidente de Bosnia-Herzegovina y hacer patente una vez más el reiterado deseo de la vigencia de la Tregua, el Presidente del C.O.I., haciendo entrega de un importante donativo de ayuda humanitaria visitó a continuación los restos de lo que una década atrás fueron emblemáticas instalaciones sede de los XIV Juegos Olímpicos de Invierno. Miseria, destrucción y desolación y el área del Estadio, escenario en su día de la espléndida jornada inaugural de la gran fiesta olímpica de los deportes de invierno, convertida en cementerio. La emoción embarga al Presidente, recordando aquellos Juegos a los que por primera vez asistió en tal condición y la visión dramática de la mártir ciudad olímpica, ha de ser reiteradamente recordada en todas sus intervenciones oficiales posteriores, tanto en el Aniversario del Centenario en París81 como en el del XII Congreso Olímpico. ¿Eficacia? ¿Coincidencia? Desde los patéticos hechos relatados acaecidos durante el período de la Tregua Olímpica, la feroz confrontación yugoslava, inició irreversible mejora hacia la calma abriéndose así camino hacia el entendimiento.

V. LA XXVI OLIMPIADA Y EL TRIUNFO DE LA TREGUA.

El 7 de diciembre de 1994 la Asamblea General de las Naciones Unidas en su 49 Sesión y bajo la Presidencia de Amara Essy, adoptó por unanimidad y con un récord absoluto de 141 Estados miembros, una manifestación programática destinada a la construcción de un mundo mejor y más pacifico por medio del deporte y del ideal olímpico. En su punto cuarto, compromete a los Estados signatarios a la observancia del pacto de la Tregua Olímpica durante los Juegos de Atlanta de 1996 y decide en el sexto y último punto, incluir en el orden del día de la próxima sesión que será la 50 un punto especial relativo a la construcción de un mundo mejor y más pacífico gracias al deporte y al ideal olímpico82.

La 50 Asamblea General de la ONU tuvo lugar el 7 de noviembre de 1995, interviniendo en ella, y por primera vez, un Presidente del C.O.I.83 Un nuevo récord de adhesiones tiene lugar en esta ocasión, con 161 países aceptantes entre los que curiosamente no se encuentran Gran Bretaña, Alemania, Holanda y Dinamarca. Un comentarista del momento, enjuicia la injustificable y elocuente ausencia, en la soterrada rabieta padecida por falta de protagonismo en la dirigencia deportiva mundial olímpica, cuya realidad histórica, había vaticinado Coubertain con su proverbial clarividencia, setenta y un años atrás84. La Asamblea exaltó la actividad desarrollada por el C.O.I:

En pro de la cooperación y la igualdad entre las naciones, y por el servicio que con ello presta a la causa de la paz y al bienestar de la humanidad, al ocuparse del perfeccionamiento del deporte y del ideal olímpico.

Asimismo la Asamblea exhortó a todos los países a la observancia de la Tregua Olímpica durante los Juegos Olímpicos de Atlanta, que serían los del Centenario, comprometiéndose a ratificar tal compromiso antes de cada celebración de los Juegos, tanto los de verano como los de invierno. Samaranch por su parte, se comprometió también a seguir con la trayectoria constructiva y positiva en la que el deporte sirva para demostrar a los contendientes en los conflictos, de que con buena voluntad, la paz es posible. Asimismo el Presidente anunció, la creación de un fondo económico de cinco millones de dólares, tendente a la reconstrucción de las instalaciones deportivas, de la mártir y desolada Sarajevo.

El 25 de noviembre de 1997, tuvo lugar una nueva Asamblea de la ONU, ratificadora de la estrecha colaboración que con el C.O.I. mantiene en un objetivo común en los distintos campos del quehacer humano. Un nuevo récord histórico de 178 adhesiones, sobre una totalidad posible de 185, refrendan los seis puntos del acuerdo, cuya resolución es presentada por la medallista olímpica nipona Nikkaku Kotani, miembro de la Comisión de Atletas del C.O.I. y coordinadora para los Juegos de Nagano. En el primer punto del texto, se invita a todos los Estados miembros, a la observancia de la Tregua Olímpica durante el desarrollo de los XVIII Juegos Olímpicos de Invierno a celebrar en Nagano (Japón), entre los días 7 a 22 de febrero de 1998, los que serán considerados como un puente hacia el siglo XXI y en el que se favorecerá la búsqueda de la sabiduría en la nueva era, el respeto por la belleza y la abundancia de la naturaleza y el fomento de la paz y la buena voluntad. En el sexto y último punto, decide incluir, en el quincuagésimo cuarto período de sesiones, de nuevo el tema del deporte y la paz, esperando tratarlo de nuevo antes de la celebración de los Juegos de la XXVII Olimpiada en Sidney (Australia) en el año 2000.

Japón se apresta en los comienzos de 1998 a celebrar con su ya habitual entusiasmo, perfección y exquisita cortesía, la gran fiesta olímpica de invierno en su XVIII edición, sede que el C.O.I. le adjudicara, el 15 de junio de 1991, en su Sesión de Birminghan.

Pero cuando todo se encontró a punto y con la familia olímpica en pleno establecida en Nagano, los presagios de una guerra inminente, hacen temer el inmediato desencadenamiento de hostilidades, justo durante los días que la Tregua Olímpica abarca. En esta ocasión, los EE UU, amparados en su autoproclamada función de gendarmería mundial, consideran conveniente bombardear Irak, en apresurada decisión, quizá adoptada por computadora, que dictaminó la conveniencia de la operación para con ella, relanzar la popularidad presidencial, alarmantemente erosionada, por una campaña nacional tan pueril como cerril, en la que de forma implacable se describen y relatan con oficial fruición y todo lujo de detalles, los reiterativos excesos sexuales del señor Clinton.

XVIIIJuegosDeInvierno Nagano1998El ambiente bélico impulsado desde Washington sube de forma alarmante, pese a que en el acuerdo internacional para ejecutar la inesperada y a la vez al parecer urgente operación militar, EEUU, pese a sus presiones diplomáticas buscadoras de apoyo internacional, se encuentra en esta ocasión sólo con sus tradicionales e incondicionales socios, Gran Bretaña, Canadá y Australia, a los que se unirán Kuwait (lógicamente siempre incondicional ante un ataque contra Irak) y Polonia, reducido número de aliados para justificar el ataque, más reducido aún en representatividad dada la identidad familiar histórica del grupo, que resulta por ello casi simbólica en comparación a las treinta naciones, que siete años atrás, apoyaron en EEUU en su anterior ataque a Irak85. La resuelta e impermeable postura de la diplomacia yanki, hace temer lo peor en los días previos a la jornada inaugural de Nagano, aunque en las ruedas de prensa que tienen lugar, los dirigentes olímpicos hacen ver que EEUU, fue siempre signatario del pacto de la Tregua Olímpica86, como así lo  había ratificado en la última Asamblea de la ONU un año atrás. En la solemne jornada inaugural de los Juegos de Nagano, desarrollada en el Estadio de Minami el día 7 de febrero, hubo una reiterada invocación a la paz. El Presidente Samaranch en su discurso, hizo un categórico llamamiento a la paz

...Exhortando a los ciento ochenta y cinco estados miembros de las Naciones Unidas, a respetar la Tregua Olímpica, que favorecerá el diálogo internacional y las soluciones diplomáticas a todos los conflictos, para que acaben las tragedias humanas, ya que el porvenir de nuestra actual sociedad, está en un mundo pacífico y mejor.

El valor moral del gesto y su simbolismo, a lo que con frecuencia se refería el Presidente del C.O.I., al hablar de su batalla por la implantación de la Tregua87 dio resultado esperado y tres días más tarde, el 10 de febrero, la embajada norteamericana en Tokio, emitía un comunicado desdiciéndose de su anterior postura belicista, y manifestando que:

"EEUU respetará esta llamada a la paz de la cual hemos sido parte."

Por primera vez en la historia olímpica moderna, la fuerza moral de la Tregua, había evitado una confrontación cierta, consiguiendo aplazarla, aunque los instigadores de la agresión se reservaban de nuevo la opción una vez pasado el periodo de los Juegos, rechazando con ello la solución diplomática presentada por el Secretario General de la Liga Arabe Esmat Abdel-Meguid, vetando así la discusión del problema en el seno de la ONU88.

Pero al parón transitorio en la aguda escalada bélica generado por el respeto a la Tregua Olímpica iba a desembocar en la paz. A la fría acogida internacional a un proyecto de exclusivos intereses de Washington, comenzaron a levantarse voces contrarias, pese a las presiones diplomáticas yanquis y mientras los emiratos árabes Unidos se oponían tajantemente a cualquier operación militar el Ministro de Exteriores de Qatar, Hamed bin Jassim bin Jabr al Thani declaraba oficialmente que:

Los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo, incluido Qatar no aprobamos ni deseamos, que se golpee ni bombardee de nuevo al pueblo iraquí.

En otro sentido, el Secretario General de la ONU Kofi Annan con extraordinaria diligencia y exquisita diplomacia, trató de buscar una salida negociada a la crisis, dando una opción no humillante al régimen iraquí, amparándose en gran medida en la mala imagen que Washington tiene en la ONU, por la que ignorando durante décadas las resoluciones del Consejo de Seguridad, permite a Israel retrasar la devolución de los territorios palestinos ocupados y los Altos del Golán, no pagando ni siquiera las cuotas de afiliación y atribuyéndose, con arrogante prepotencia, una autoridad que nadie le ha dado, como la que arguye, para haber proyectado el aplazado ataque  militar contra Irak89.

La acción de guerra se había parado y la guerra se enfrió. El ambiente universitario norteamericano, se manifestó contrario a la absurda intervención militar y los portavoces de la Casa Blanca, se ven increpados dentro del propio país, en sus consultas para continuar el aplazado ataque. Y mientras tanto, la habilidad de Kofi Annan, consigue con Sadam Husein, un acuerdo oficial aceptable para Irak, que se firma en la emblemática fecha del 22 de febrero, día de clausura de los Juegos de Nagano.

Tres meses después al acuerdo, EEUU retiró de la zona la mayor parte de su maquinaria bélica90 y los inspectores de la ONU que examinaron a conciencia los palacios presidenciales iraquíes, no encontraron prueba alguna del gigantesco arsenal bélico-químico, cuya acusación de tenencia y masiva fabricación, fue el argumento base de la operación fallida, evidenciada como casi todas, tan injustificada como absurda.

El simbolismo de los gestos, en un mundo de símbolos, como es el olímpico, había pasado del hermoso campo del idealismo ético y filosófico de su doctrina, al escenario realista y tangible de la historia.

El movimiento olímpico había hecho realidad la esperanza y el deseo emitido por S.S. el Papa Juan Pablo II al Presidente del C.O.I. con ocasión de los Juegos de Nagano para que:

El Olimpismo continuase dando un testimonio de paz, de fraternidad y de solidaridad entre todos los pueblos y todas las naciones91

Confianza que ante el éxito histórico conseguido, expresaba el Presidente Samaranch en su discurso de clausura:

Tenemos la esperanza que el respeto a la Tregua Olímpica durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Nagano, haya permitido y favorecido la búsqueda de soluciones diplomáticas y pacificas en los conflictos en que estamos enfrentados. Los Juegos Olímpicos, han demostrado, que la amistad, la solidaridad y la cooperación entre los pueblos, son posibles si existe buena voluntad...Actuemos en conjunto por un deporte para todos, una educación para todos, una salud para todos y una paz también para todos.
AUTOR: CONRADO DURÁNTEZ CORRAL
Conrado DurántezEs Presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin, Presidente fundador del Comité Español Pierre de Coubertin, Presidente fundador de la Asociación Panibérica de Academias Olímpicas y también Presidente fundador de la Academia Olímpica Española y Miembro de la Comisión de Cultura del Comité Olímpico Internacional hasta 2015. Ha intervenido en la constitución de más de una veintena de Academias Olímpicas en Europa, América y África. Su vocación por el Olimpismo ha sido proyectada en constantes y numerosas intervenciones en congresos mundiales, conferencias y simposios diversos, así como en la publicación de numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas nacionales y extranjeras dedicados al examen y estudio del fenómeno olímpico.

VI. BIBLIOGRAFIA

[1]DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia. Madrid, 1975. 2 vol. Vol. I, pág. 22.

[2]GRIMAL, Pierre: Diccionario de la Mitología. Barcelona, 1965, pág. 542.

[3]DURÁNTEZ, Conrado: Ob. cit., págs. 146 – 148 y 81 – 117.

[4]SZYMICZEK, Otto: Les principes fundamentaux de l’Ideologie Olympique. Actas de la A.O.I. 1970, págs. 51-60.

[5]DREES, Ludwig: Olímpia Gods Artists and Athletes. Londres, 1948, pág. 17.

[6]COUBERTIN, Pierre: Memorias olímpicas. Madrid, 1965. Traducción al español de Angel María Soler. Pág. 220.

[7]DURÁNTEZ, Conrado: Ob. cit., pág. 18. 

[8]FILOSTRATO, El Ateniense: Gymnastike. 5. En Phylostratos über Gymnastik de JULIUS, Jüthner. Leipzig 1909.

[9]DURÁNTEZ, Conrado: Ob. cit., pág. 149.

[10]PAUSANIAS: Descripción de Grecia. En Historiadores Griegos y Romanos. Traducción al español por Francisco P. Samaranch y A. Díaz Tejero. Madrid, 1969. V, 4, 5.

[11]PAUSANIAS: V, 4,6,

11ªLa fecha del año 884 a. de J.C., en que se firma la ekekheiria, es aseverada por Paleologos (The Institution of the “Truce”. En A.O.I. 1965 pág. 204) quien cita en apoyo de su tesis, la versión ratificadora que sobre tal dato dan los historiadores Polibio, Diodoro de Sicilia, Flegón, Julio el Africano y Aristodemo de Elis, aunque también menciona la versión de Calímaco, que refiere de cómo fueron los Juegos habidos en el año 824 a. de J.C., los primeros que se desarrollaron al amparo del famoso pacto.

[12]PAUSANIAS: V, 20, 1.

[13]PLUTARCO: Vidas paralelas. En Biógrafos griegos. Traducción al español por Antonio Sanz Romanillos. Madrid, 1964. LICURGO– I. 

[14]DIEM, Carl: Historia de los Deportes. Barcelona, 1966, pág. 116.

[15]PALEOLÓGOS, Cleanthis: L’Institution de la trêve dans les Jeux Olympiques. Actas de la A.O.I., 1964, pág. 62.

[16]SPAZARI, Else: El espíritu olímpico. Atenas, 1992, pág. 66.

[17]VILLALBA Y VERNERA, Pere: Olimpic Jocs y Sperit. Barcelona, 1992. Pág. 165.

[18]DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia. Pág. 187.

         MOUSSET, Albert:  Olympie et les Jeux Grecs. París, 1960. Pág. 50.

 18ªNISSIOTIS, Nikolaos: La contribution du mouvement olympique a la paix. En A.O.I. 1985 pág. 61-71.

[19]DREES, Ludwig: ob. cit., pág. 36.

19ªLAEMMER, Manfred La antigua Tregua Olímpica. En Citius, Altius, Fortius. Tomo XVII – XVIII. Madrid, 1975. Págs. 157 – 163. Siguiendo a L.WENIGER, el autor piensa, que la duración total de la Tregua Olímpica sería de tres meses.

[20]Ob. cit. pág. 197.

[21]PALEÓLOGOS, Cleanthis: Les anciens Jeux Olympiques.Actas de la A.O.I., 1964. Pág. 62.

[22]TUCÍDIDES: Historia de la Guerra del Peloponeso. En Historiadores Griegos. Traducción al español por David González. Madrid, 1961. V, 49,50.

[23]PALEOLÓGOS: Cleanthis. Ob. cit. Pág. 63.

[24]Ob. cit. V, 31,34, 49,50.

[25]PAUSANIAS. V, 4,5-6 y V,20,1.

[26]DURÁNTEZ, Conrado: Ob. cit. Pág. 25.

[27]DURÁNTEZ, Conrado: Ob. cit. Pág. 31.

[28]PAUSANIAS. V, 22,2

[29]PAUSANIAS. VI,22,3.

[30]PAUSANIAS. VI, 22,4.

[31]DIODORO DE SICILIA. 2, 1.

[32]JENOFONTE: Helénicas. En Historiadores Griegos. Traducción de Francisco de P. Samaranch y Díaz Tejada. Madrid, 1969 VII, 26-33.

         PAUSANIAS.V, 9, 6.

[33]PAUSANIAS. VI, 22,3.

[34]PAUSANIAS. V, 8,6.

[35]PAUSANIAS. V, 8, 5 y VII, 6-11.

[36]PÍNDARO: Olímpicas. Traducción del griego, prólogo y notas de Francisco de P. Samaranch. Madrid, 1967. Olímpica V, 7.

[37]PAUSANIAS. V, 8,9.

37ªMOUSSET, Albert: Olympie et les Jeux Grecs. París, 1960. Pág. 50.

37bPAUSANIAS – V, 15, 3.

[38]BLÁZQUEZ, José María: El cristianismo, religión oficial. En Historia 16. Número 249, pág. 64.

         DURÁNTEZ, Conrado: Ob. cit. vol. II, pág. 333.

[39]VALSERRA, Fabricio: Historia del Deporte.  Barcelona. Pág. 99.

[40]DURÁNTEZ, Conrado: Pierre de Coubertin, el humanista olímpico. Lausana, 1994. Pág. 20. 

[41]DURÁNTEZ, Conrado: Pierre de Coubertin y la filosofía del olimpismo. Madrid, 1995. Pág. 14.

[42]DURÁNTEZ, Conrado: Historia y filosofía del olimpismo. Madrid, 1996. Pág. 11- 14.

[43]COUBERTIN, Pierre: Une campaigne de vingt et un ans. París, 1908. Pág. 89.

[44]COUBERTIN, Pierre:  El atletismo en el mundo moderno y en los Juegos Olímpicos. Conferencia en la Sociedad de El Parnaso. Bulletin del Comité International de Jeux Olympiques. París, enero 1995.

[45]COUBERTIN, Pierre: Les Jeux Olympiques de 1900. En Texte Choissis, pág. 330.

         COUBERTIN, Pierre: Discours d’ouverture de la Session de Rome (7 de abril de 1992). En Textes Choissis. Pág. 402.

[46]COUBERTIN, Pierre: El XXV Aniversario de los Juegos Olímpicos. Lausana, abril 1919. En Ideario Olímpico: Discursos y Ensayos. Madrid, 1973. Pág. 127.

[47]COUBERTIN, Pierre: Lettres Olympiques (XI). En Textes Choissis. Pág. 610.

[48]ODE AU SPORT por G. Hohrod M. Eschbach, seudónimos utilizados por Coubertin para presentar la composición al concurso literario de los Juegos de la V Olimpiada.

[49]DURÁNTEZ, Conrado: La Historia Olímpica. Madrid, 1990. Pág. 34.

[50]COUBERTIN, Pierre: Memorias olímpicas.  Madrid, 1995. Traducción al español por José María Soler. Pág. 169.

[51]COUBERTIN, Pierre: Memorias Olímpicas. Pág. 226.

[52]COUBERTIN, Pierre: Ideario Olímpico, Discursos y Ensayos. Madrid, 1973. Traducción al español de Juan Antonio de la Iglesia. Pág. 221.

[53]DURÁNTEZ, Conrado: A History of modern olympism. 2 vol. Barcelona, 1992. Vol I, pág. 167.

[54]DURÁNTEZ, Conrado: Pierre de Coubertin, l’ Humaniste Olympique. Lausanne, 1994. Pág. 25.

54ªSKIADAS, Elefterios: The Olympic Flame. Atenas, 1997. Pág. 7. 

54bBORGES, Walter: Olympic Torch Relays. Kassel, 1996. Pág. 25. 

54cDIEM, Liselotte: The ceremonies. A contribution to the History of the Modern Olympic Games. A.O.I. 1964. Pág. 133.

54dDIEM, Carl: Ewiges Olimpia Wuppertal, 1971. Pág. 10.

54eDURÁNTEZ, Conrado: La Antorcha Olímpica. Madrid, 1987. Pág. 33.

[55]DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo, Historia y Filosofía. Madrid, 1992. Pág. 31.

[56]DURÁNTEZ, Conrado: Olimpia y los Juegos Olímpicos Antiguos. Vol II, págs. 404 a 407.

[57]COUBERTIN, Pierre: La victoria del Olimpismo. La Revue Sportive Ilustrée. Belgique, julio 1990 En Ideario Olímpico. Madrid, 1973.

[58]DURÁNTEZ, Conrado: A History of Modern Olympism. Barcelona 1992. Vol I, pág. 241.

[59]DURÁNTEZ, Conrado: El Olimpismo y sus Juegos. Madrid, 1997. Pág. 43.

[60]DURÁNTEZ, Conrado: La Historia Olímpica. Olimpia 776 a. de J.C. a Barcelona 92. Cádiz, 1990. Pág. 57.

[61]GRAUPERA, Hortensia: Las Olimpiadas modernas: su significación política. Barcelona 1982. Págs. 180 y 186.

61aNISSIOTIS, Nikolaos: La contribution du mouvement olympique a la paix. En A.O.I. 1985. Págs. 61-71.

[62]SAMARANCH, Juan Antonio: Revista Olímpica número 205. Marzo 1995. Pág. 153.

[63]DURÁNTEZ, Conrado: Historia y Filosofía del olimpismo. Madrid, 1996. Pág. 49.

[64]DURÁNTEZ, Conrado: Ob. cit. Pág. 50 y 53.

[65]SAMARANCH, Juan Antonio: Samaranch decidido a acabar con los boicots. En El Mundo Deportivo, domingo 29 de julio de 1984. Pág. 19.

[66]Revista Olímpica, número 207. Enero de 1985, pág. 17 y siguientes.

[67]Revista Olímpica: Elegir un camino. Discurso del Excmo. Sr. D. Juan Antonio Samaranch. Número 207. Enero 1985. Pág. 13.

[68]DURÁNTEZ, Conrado. Historia y filosofía del Olimpismo. Madrid, 1996. Pág. 55.

[69]COUBERTIN, Pierre: Los depositarios de la idea olímpica. En Ideario Olímpico, págs. 33 a 39.

[70]GRAUPERA, Hortensia: Ob.cit. Pág. 190. 

[71]FERNÁNDEZ, Antonio: Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 1993. Págs. 581 y 582.

[72]Revista Olímpica, número 299, pág. 407. Hora Española. 

[73]Dossier Trêve Olympique, pág. 7.

         Revista Olímpica, número 299, pág. 429.

[74]WALTER, Erik. Artículo en el periódico La Suisse reproducido en Revista Olímpica, número 313. Pág. 478.

[75]Revista Olímpica, número 315. Pág. 17.

[76]Diario Sport. Martes 25 de enero de 1994.

[77]Olympisme. En Diario Sport. Martes, 25 de enero de 1994.

[78]Olympisme. En Diario Sport. Martes, 25 de enero de 1994.

[79]Olympisme. En Diario Sport. Martes, 25 de enero de 1994.

[80]Revista Olímpica, número 316. Pág. 63.

[81]Revista Olímpica, número 320. Pág. 277.

[82]Revista Olímpica, febrero – marzo 1995. Págs. 13, 20 y 21.

[83]La Vanguardia, 8 de noviembre de 1995.

[84]COUBERTIN, Pierre. Revue de Genève, 1924. En Ideario Olímpico. Pág. 155 y 156.

[85]BOO, Juan Vicente: Estados Unidos sigue promoviendo un ataque a Irak pese a la falta de apoyo internacional. En ABC, miércoles, 11 de febrero de 1998. Pág. 27.

[86]VENTURA, Xavier:  El C.O.I pide respeto a la Tregua Olímpica. En La Vanguardia. Miércoles 4 de febrero de 1998.

[87]SAMARANCH, Juan Antonio: La Tregua Olímpica. En Revista Olímpica. Enero de 1998, pág. 3.

[88]BOO, Juan Vicente: Art. Cit.

[89]BOO, Juan Vicente: Art. Cit.

[90]BOO, Juan Vicente: Estados Unidos reduce a la mitad su despliegue militar en el Golfo Pérsico. En ABC martes 22 de mayo de 1998. Pág. 37

[91]En Treve Olympique. Lausana, mayo de 1998. Pág. 25.

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